Jornada por un México en Paz, con Justicia y Dignidad – Buenos Aires, Argentina

Las voces del México de abajo, del México de a pie, libran las balas y las distancias. Se acercan, se rozan, se conocen, se reconocen, se comparten. El 17 de septiembre del 2011, la plaza de mayo de la ciudad de Buenos Aires volvió a ser testigo de las capacidades humanas. Hombres y mujeres libres, mexicanos y hermanos latinoamericanos, unieron sus voces y corazones a la caravana que en suelo azteca comienza su regreso al centro del país, luego de recolectar dolores y solidaridades en su paso por los estados del sur de México.

Cruces blancas de madera, con las alarmantes cifras de la violencia desatada en los últimos 5 años –50 mil muertos (la gran mayoría civiles), 20 mil desaparecidos, 200 mil desplazados, 60 mil huérfanos, 4 mil niños y niñas muertos–, hacían las veces de filtro a una clásica postal de la casa rosada. Nombres de desaparecidos y asesinados, banderas y carteles acompañaban las principales exigencias: ‘PAZ con JUSTICIA y DIGNIDAD’ y, ‘PAREMOS LAS BALAS, NUESTRA PROPUESTA: CULTURA Y EDUCACIÓN’.

Con este contexto, la necesidad de reconciliación, de regeneración de un tejido deshilachado atrajo a la música. Jaraneros dispuestos a conseguir con armonía la reconstrucción de ese lazo-abrazo tocaron melodías que atrapaban a los turistas pasantes y pasiantes, y transportaban a los mexicanos a un terruño ahora pisoteado pero jamás olvidado. Así también la presencia de los ausentes, siempre recordados, vino con la fuerza de la palabra escrita. E. Galeano nos recuerda que Qiuen nombra, llama. Y alguién acude, sin cita previa, sin explicaciones, al lugar donde su nombre, dicho o pensado, lo está llamando. Cuando eso ocurre, uno tiene el derecho de creer que nadie se va del todo mientras no muera la palabra que llamando, llameando, lo trae. Eso nos permitió estar más acompañadas en esta tarde fresca pero que nos acerca la primavera.

Todos presentes. Todos apostando a hacer las cosas diferentes, sin la necesidad, como lo dijo el Sup, de conquistar el mundo, sino simplemente hacerlo de nuevo, intentando, desde esta parte del mundo, tan lejos de nuestra tierra, hacer vivir y revivir aquello que dice que la solidaridad es la ternura de los pueblos. Siempre con el de junto, con el próximo, con la consigna de vivir a pesar de ellos, al margen de ellos o en medio de ellos. Convivir, revivir, sobrevivir, vivir con la paciencia que no tienen los flojos pero que siempre han tenido los pueblos, que nos enseñó Mario B.

Con la luz del sol despidiéndose por avenida de mayo, el caer de la tarde nos mostró que la luz que necesitamos es la que está en cada uno de nosotros y que no existe un camino hacia la paz, sino que la paz es el camino. ¡Qué proeza si arruináramos nuestra ruina y de paso liberáramos nuestra liberación!

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